
Se podría decir que soy una acumuladora, que guardo basura o cosas obsoletas, pero para mí es algo más allá.
Mi gusto por cosas antiguas me ha perseguido toda mi vida. Desde niña jugaba con la decoración de porcelana de mi abuelita. Pasaba mi tiempo viendo películas de la época dorada del cine mexicano con ella.
Mi familia me llevaba a lo que hoy en día se le dice “thriftear” pero para nosotros lleva siendo una tradición de años.
Era ver que usaba la gente de antes, ver las joyas de fantasmas que hoy ya no caminan entre nosotros, como si fuera un museo.
Hoy en día lo sigo haciendo: Me aferró a épocas que no viví y que no pertenecí porque sinceramente me aterra la situación del mundo actualmente.
Por esto, decido que cuando quiero paz y seguridad, me refugio entre VHS, CDS, DVD, vinilos, cassette compactos, disquetes, libros antiguos y decoraciones de épocas pasadas porque es lo que me da paz.
Analizando esto, creo que viene también de una parte de mi querer sentir que aún me pertenece algo.
En un futuro, no sé si tendré siquiera una casa propia, y hoy en día con las plataformas que es necesario pagar mensualidad para ver videos, películas, oír música o leer un libro, se vuelve más difícil que sea completamente tuyo.
Que puedas leerlo las veces que lo quieras leer, que quieras ver tu película favorita sin tener que meterte en páginas extrañas solo para no pagar una renta de $15 que ni siquiera viene en DVD, si no un link.
Y hablando de películas, antes el arte que venía en los DVDs o CDs era bellísimo. Se veía como los artistas dejaban más personalidad, más esencia en ello. Y uno como fan, tenías algo de tu banda favorita o de tu director favorito.
Hoy veo que la tendencia regresa, pero creo que ahora toca cuestionarnos como me tocó cuestionarme a mi misma: ¿Por qué lo hago?
Sin afán a que se convierta en consumismo de comprar porque esté de moda, si no que tenga una razón.
Mi razón es que cada vez que pongo una película en el reproductor de DVD y coloco el CD, puedo volver a sentarme en el antiguo sillón de casa de mi abuelita, que aunque su presencia ya no esté, está actividad me genera paz de lo que un día fué.
Poner un CD de My Chemical Romance en el estéreo me hace recordar cuando mi tío me llevaba con él en su carro y me dejaba elegir que disco seguía y siempre ponía The Black Parade y juntos cantábamos.
Eso es preservar una memoria.
¿Alguien recuerda Blockbuster? Era mi lugar favorito del mundo porque ahí descubrí tantas películas y videojuegos que hoy se pierden en el inmenso mar del internet.
Pero en ese local físico podrías pasar horas leyendo de qué trataban varios videojuegos y llevarlos a casa.
Y esas son las razones por qué prefiero hundirme en los formatos físicos y en nostalgia, porque es lo único que me pertenece.
Espero que no llegue el día cuando una compañía decida que ya no exista y no pueda seguir teniendo algo, aunque sea un poco, de mi contenido favorito.
Hasta diría que hoy en día hacer este tipo de actividad es una forma de manifestación encontrá de el control de los medios sobre la música, videojuegos y los filmes.

