
Con mi graduación cerca, muchas preguntas vienen a mi cabeza que me hacen cuestionarme mi día a día. ¿Qué será de mi vida cuando me gradúe? ¿Podré lograr algo en mi vida?
Por eso cuando me preguntan si le tengo miedo a algo yo solo contestó que le temo a miedos reales. Es aquí cuando presento mi mayor miedo, el fracaso y ser un “don nadie”.
Estos miedos me hacen cuestionarme lo que hice en el pasado, lo que he hecho actualmente y lo haré en el futuro.
Me considero una persona que sobrepiensa las cosas, incluso por más sencillas que parezcan, siempre encuentra una cuestión para no estar satisfecho con algo, incluyendo mi futuro.
No dudo ser el único con este miedo o estos pensamientos, pero el sentimiento se intensifica ahora que mi tiempo de universitario está cerca de llegar a su fin.
¿Por qué tememos tanto a la vida real o vida adulta? ¿Tantos años estudiando para que en el último te cuestiones todo?
Estas últimas semanas reflexionando me han hecho entender que no hay una guía para ser adulto y que tal vez otros adultos toda su vida la han estado improvisando.
Tal vez ahora entiendo porque pensar demasiado sobre mi futuro desde pequeño no ha sido lo ideal. Creo que mi problema fue que me puse muchas expectativas sin saber que realmente cuando planeas algo nunca sucede como esperas.
Creo que siempre he sido alguien que teme salir de su zona de confort porque siento que si lo hago está fuera de mi control. Ahora entiendo que está mal y a veces lo mejor es dejar las cosas fluir.
Digo esto con la experiencia de que estos últimos años he hecho tantas cosas que me han sacado de esa zona de confort a la que me he encerrado toda mi vida. Esto me ha hecho preferir dejar que las cosas fluyan e improvisar sobre la marcha.
A veces nos comprometemos tanto a una idea o un sueño que olvidamos que siempre habrá obstáculos que nos harán cuestionarnos si tomamos las decisiones correctas.
Al final, “la vida adulta” no es como un examen que te tienes que preparar y estudiar un día anterior; es un escenario donde el guión se escribe mientras actúas.
Tal vez mi miedo por ser un “don nadie” continúe, pero funcione como mi motivación para descubrir lo que realmente quiero ser.
Reflexionando, el futuro ya no me parece una amenaza, más si lo comparo con todo lo que he batallado para estar donde estoy y ser lo que soy.
Así que, a un mes y pico de mi graduación, con mi diploma en mano y mi orgullo en otra. Elijo aceptar y afrontar el vacío de lo que viene.
Si los adultos que admiro han estado improvisando todo este tiempo, yo también puedo hacerlo.
Si lo mejor que me ha pasado han sido las cosas que hago fuera de mi zona de confort, creo que es momento de dejar de planear la vida y empezar, sencillamente, a vivirla.
Así que se prepare la vida que estoy listo para afrontarla e improvisarle la mejor versión de mi.
